Caminar en Autenticidad
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Hola, bienvenida/o, mi nombre es Pilar, soy terapeuta corporal integrativa y terapeuta narrativa.
Vengo a hablarte de la herramienta “Habitando mi asunto” basada en la terapia narrativa. Esta herramienta la he querido llamar así porque el cliente viene con un asunto que le preocupa y lo que hacemos es habitar el asunto, tratarlo desde diferentes puntos de vista y atendiendo a las emociones.
Hace poco, vino a trabajar conmigo una mujer que quería abordar el tema de cambiar de ámbito profesional y había muchos miedos, incertidumbre, también mucha ilusión. Su familia y su pareja no la apoyaban porque también tenían miedo y creían que iba a fracasar en el intento. En el acompañamiento que hice con ella se permitió vivir emociones que hasta entonces había ido guardándose porque le traían momentos pasados que habían sido dolorosos para ella y que no tenía resueltos.
En mis sesiones individuales, para los que quieren acercarse a hacer una indagación personal sobre un problema o un asunto les ofrezco la posibilidad de hacerlo desde esta herramienta, también hago sesiones abordadas desde la terapia corporal integrativa pero hoy te hablo sobre “Habitando mi asunto” que trae el inconsciente al consciente para atender creencias y/o emociones que nos llevan a actuar de tal forma que obtenemos consecuencias indeseables.
La mejor manera para aprender y anclar los conocimientos es practicar, así que, vamos a hacer una práctica utilizando un cuento; después de la lectura, necesitarás estar en un lugar tranquilo con algo para anotar y disponer de 10-15 minutos, luego te leeré las preguntas para responder en base al texto. Es una lectura basada en un cuento de la India llamado “El barquero inculto”
El Barquero Inculto
Hace tiempo vivía en la India un chico que creía que lo sabía todo. Durante años había dedicado muchas horas al estudio y la lectura. Gracias a ello, sus conocimientos sobre los temas más diversos eran enormes. Llegó a saber tanto que se le subió a la cabeza y se convirtió en un joven arrogante que presumía de ser un erudito delante de todo el mundo.
Un día que se encontraba de viaje, llegó a un río muy ancho y caudaloso y para cruzarlo, contrató los servicios de un humilde barquero que se ofreció a llevarle a cambio de unas pocas monedas.
Mientras el barquero remaba, una bandada de pájaros sobrevoló el río. El joven, hizo un comentario en voz alta.
– ¡Qué interesante es el mundo animal! En concreto, me resulta fascinante todo lo que tiene que ver con las aves ¿Ha estudiado usted algo acerca de ellas?
– No, señor, no sé nada sobre eso – respondió el hombre agachando la cabeza.
– Vaya… Pues siento decirle que ha perdido usted la cuarta parte de su vida porque no hay nada más importante que el estudio.
Al cabo de un rato, pasaron junto a unas preciosas plantas acuáticas que se mecían en la superficie del río. El muchacho volvió a hablar, muy interesado en iniciar una conversación.
– Me apasiona la botánica y todo lo que tenga que ver con el mundo vegetal. Lo sé todo sobre árboles, flores y plantas ¿Sabe algo sobre este tema?
– No, nunca he estudiado nada de eso. No tengo ni idea.
El joven contestó.– ¡Qué pena! Ha perdido usted la mitad de su vida. Si se hubiera interesado un poco por aprender, ahora tendría una visión más amplia del mundo.
La barca seguía avanzando rumbo a la otra orilla. El agua era cristalina y, de vez en cuando, se veía algún pececito surcando el fondo de arena y piedras.
– Usted está todo el día deslizándose por las aguas ¿Ha aprendido muchas cosas sobre sus características y su composición? ¡Me imagino que sabrá mucho sobre ríos y mares!
– Nunca he estudiado sobre eso ni sobre ninguna otra cosa. Me limito a transportar viajeros de un lado a otro para ganarme la vida. Así de simple es la cosa, señor.
El barquero comenzaba a sentirse un poco avergonzado de su ignorancia. Aun así, el joven no se percató de ello y sacó sus conclusiones.
– ¡Qué decepción! Usted no sabe nada de nada sobre lo que le rodea. Siento decirle que ha perdido las tres cuartas partes de su vida. Cuando sea un anciano, se dará cuenta de que no ha sabido aprovechar el tiempo.
Faltaban unos metros para finalizar el trayecto cuando una fuerte corriente de agua hizo girar la barca y la lanzó contra una roca. Se oyó un golpe seco en la línea de flotación y la madera se abrió en dos. Empezó a entrar agua por todas partes y, en pocos segundos, el casco de la pequeña embarcación se inundó a gran velocidad. El barquero comenzó a gritar.
– ¡Rápido, rápido, señor! ¡Esto se hunde! Tenemos que tirarnos al agua y llegar a nado a la otra orilla.
– ¡No, yo no puedo! ¡Socorro! ¡Socorro!
– ¿Cómo que no puede? ¿No sabe nadar?
– ¡No, no sé nadar! ¡Ayúdeme por favor! ¡Ayúdeme!
El joven gritaba desesperado porque el agua le llegaba al cuello. Estaba a punto de desaparecer bajo los remolinos de agua y espuma. El barquero no lo pensó dos veces: dio unas cuantas brazadas hacia él y le agarró de una muñeca con fuerza para sacarlo a la superficie. Después, con mucha dificultad, le abrazó por la espalda y tiró de él hasta ponerle a salvo en la orilla.
El muchacho llegó a tierra casi inconsciente y tardó unos minutos en volver en sí. Cuando por fin se recuperó del susto, ambos se miraron. Fue el barquero quien habló esta vez.
– Según me dijo antes, yo he perdido tres cuartas partes de mi vida por no estudiar, pero si no fuera por mí, hoy habría perdido usted la vida entera.
El muchacho se sonrojó. Sintió mucha vergüenza por sí mismo y, por el contrario, admiración por ese hombre que había arriesgado la vida para salvar la suya. Entendió que jamás se puede menospreciar a los demás porque creamos que saben menos que nosotros. A menudo, los conocimientos esenciales son los más importantes
Bien, vamos a ver qué pasa cuando se le aplica la herramienta “Habitando mi asunto” a este cuento. Antes de comenzar a responder, elige el asunto que quieres abordar.
Hay dos personajes en el cuento y le vamos a preguntar a cada uno de ellos:
¿A quién mira el barquero? ¿Cómo se siente? ¿Por qué se siente así? ¿Te reconoces en el barquero?
¿A quién mira el muchacho? ¿Cómo se siente? ¿Por qué se siente así? ¿Te reconoces en el muchacho?
Lo principal a la hora de responder es dar la primera respuesta que te venga por muy sin sentido que te parezca, recuerda que trabajas con el inconsciente y tu mente racional cuando reciba esta información no la va a entender pero te iré dando consejos durante el taller. Con esta herramienta vamos a ver cuestiones que no vemos o no queremos ver, es importante verlas porque si no las proyectaremos en otras personas, en nuestras experiencias de vida.
-Si al finalizar con estas preguntas no encuentras las respuestas o no encuentras relación con el asunto, puedes dejarme tus dudas en el botón de comentarios y te daré una posible interpretación que si no te resuena no será para ti, te podrá llegar quizá, al cabo de unos días, alguna comprensión acerca de tus respuestas.
Hago sesiones online individuales donde trabajamos con esta herramienta, son de dos horas y sólo debes traerte pensado un tema que quieras tratar y harás un dibujo esquemático con uno o varios caminos donde aparecerán unos elementos y a cada elemento le asociarás unas características, un color y una persona. Esta herramienta te va a hacer conectar con emociones que es necesario sentir para poder dejar de repetir situaciones en tu vida que lo que te muestran es que hay algo que tienes que aprender, aceptar y cambiar cuando se pueda.
Ofrezco otro tipo de sesiones en grupo de “Habitando mi cuerpo” en las que te acompaño usando la terapia corporal integrativa como técnica para hacer tu trabajo personal, se trata de un trabajo que busca eliminar bloqueos a nivel corporal que provocan ciertas molestias y dolencias en el cuerpo y que reducen la sensibilidad y la conciencia corporal.

Encuentros grupales: Habitando mi Cuerpo
Formato online y presencial
Sesiones de 2 horas para reconocerte desde tu práctica individual con el añadido de hacerlo en grupo que aporta mayor energía, motivación y ese encuentro con otras personas como tú explorando en su autoconocimiento.

Clases de Yoga para niñ@s y en familia
Clases presenciales y online en formato para niñ@s o en familia. duración 45 minutos hasta 1 hora.
El yoga no es una religión, se guía por principios universales de amor, paz, gratitud, respeto, verdad…
No necesitas ser muy flexible ni estar en forma para practicar yoga.

Sesión individual: Habitando mi Asunto
Sesiones online de dos horas donde trataremos un asunto que desees.
A través de una técnica de Terapia Narrativa viajaremos hacia el inconsciente para poder ver las partes de ti que están a tu favor y las que están en contra y necesitan tu atención antes de poder continuar tu viaje.

Sesión individual: TCI
Sesiones de dos horas de Terapia Corporal Integrativa Presenciales.
Tráete un tema que quieras tratar, pasamos a trabajar el cuerpo por medio de ejercicios de conexión, movilización de la energía y apertura corporal. Se acaba con una relajación para abordar el tema de nuevo desde otra perspectiva.
Me ha parecido interesante la propuesta qué haces en el primer taller gratuito.
El ver a través de los sentimientos que me generan los personajes del barquero inculto, hace que me dé cuenta que actitud tomo ante determinados acontecimientos en mi vida y como condiciona esto a mi proyecto de vida.
Gracias por este regalo maravilloso y deseo que el karma te honre por tu buen hacer.
Me alegro Mer de que te haya parecido interesante y, sobre todo, te haya servido.
Gracias por tu comentario y por tus buenos deseos!!:)
Me he sentido super identificada con el barquero en muchas situaciones de mi vida.
Pero hay que profundizar en una misma y ver los valores que tenemos.
El joven muy arrogante y por mucho saber de todo no te hace ser sabio.
Gracias 😊
Hola Conchi, estos dos personajes son como las dos caras de la misma moneda y sería interesante que cada uno de ellos se escucharan para ver lo que pueden aprender el uno del otro porque cada uno aporta lo suyo y pueden colaborar entre ambos; de hecho, el joven después de la situación en la que es salvado por el barquero seguramente habrá aprendido a valorar la sabiduría del barquero.
Un saludo!